lunes, 2 de abril de 2012

Tres poemas de Nazim Hikmet

Lo sé, de sobra lo sé...

Lo sé, de sobra lo sé
cuando la próxima vez baje del tren en esta estación
hermana mía no veré tus ojos
tus puros ojos negros
ni tampoco el resplandor fuera del portón
las piedras, los árboles, las ventanas
el rostro de la gente
todo se apagará
tus ojos se habrán llevado bajo tierra la luz de la ciudad
hace tiempo que ya se habrán consumido en el cementerio.

Lo sé, de sobra lo sé
lo sé
no sé nada
tal vez yo mucho antes
ya no bajaré de ningún tren en ninguna estación
no sé
a quién de nosotros le toca hermana mía
si al cáncer tuyo
si al infarto mío
no sé no sé
sin embargo me parece
que en esta estación al bajar del tren...
Hermana mía perdóname la cobardía
de vivir
un solo día más que tú.

29 de julio de 1959

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Nostalgia

Cien años han pasado sin ver tu cara
enlazar tu cintura
detenerme en tus ojos
preguntar a tu clarividencia
acercarme al calor de tu vientre.

Hace cien años que en una ciudad
una mujer me espera.

Estábamos en la misma rama, en la misma rama.
Caímos de la misma rama, nos separamos.
Cien años nos separan
cien años de camino.

Hace cien años que en la penumbra
corro detrás de ella.

6 de julio de 1959

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Dos amores

En un corazón no caben dos amores
mentira
puede ser.

En la ciudad de las lluvias frías
es de noche y estoy tumbado en la habitación de un hotel
mis ojos están clavados en lo alto
pasan nubes por el techo
pesadas como los camiones que corren por el asfalto húmedo
y a la derecha a lo lejos
una construcción blanca
tal vez de cien pisos
en lo alto brilla una aguja de oro.
Pasan nubes por el techo
nubes cargadas de soles como caiques de sandías.
Me siento en el alféizar de la ventana
el reflejo del agua acaricia mi rostro
¿estoy a la orilla de un río
o a la orilla del mar?

¿Qué hay en aquella bandeja
en aquella bandeja rosada
fresas o moras?
¿Estoy en un campo de narcisos
o en un bosque de hayas nevadas?
Las mujeres que amo ríen y lloran
en dos lenguas.


lunes, 19 de marzo de 2012

El busto

Constituí un orden,
como otra de mis tantas experiencias anárquicas.
Delegué funciones, delegué poderes,
Les sugerí otro orden posible.

Luego desaparecí.
Los dejé acéfalos.

Y ellos,
en lugar de hacerse una cabeza nueva,
hicieron un busto con la mía.

Getting old/Envejecer

Getting old

A sad show it is,
getting old.
A slow train to death,
a freight train out of live.
A sad show it is,
getting old.

A supplementary time
given from no clear point,
with the expiration date
marked yesterday,
and the worm-vultured army waiting
just around the corner,

A sad show it is,
getting old

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Envejecer

Que triste espectáculo,
envejecer.
Un lento tren hacia la muerte,
un tren de carga saliendo de la vida.
Que triste espectáculo,
envejecer.

Un tiempo suplementario,
otorgado por no se sabe quien,
con la fecha de vencimiento
marcada ayer,
y el ejercito de gusanos-buitres,
esperando a la vuelta de la esquina,

Es un triste espectáculo,
el de envejecer.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Aco(Bar)darse

La noche había resultado un precipitado de dobles sentidos, jugueteos con el cuerpo, frases inteligentes y sin propósito (generalmente tenían como efecto una sonrisa tímida, pero no hubieran podido nunca hilvanar una conversación), miradas desviadas, y suficiente-alcohol-como-para-sentirse-mal-pero-no-tanto-como-para-destrabar-la-velada. Los dos sabíamos que queríamos coger al otro, pero quizás por eso mismo, nada salió como esperábamos. No había lugar para dos presas en esa cacería, y resultó no haber lugar para ninguna. Cuando ya era muy tarde y estábamos en un estado bastante patético como para intentar algo, ella realizó el primer movimiento de la noche de intentar ser-ella-misma, y decidió irse. Muy torpemente, dijo que tenía que hacer cosas al otro día (supuse, y el tiempo me dio la razón, que mentía; Además, al otro día era domingo), y toda su retirada fue una gigante, superficial y corajuda excusa. Le dije que yo pagaba (tenía plata como para pagar una noche en algún bulín de la vuelta, desayuno incluido, y no había salido con ese dinero por las dudas…) y en seguida me sentí estafado por todas las distinciones de caballerosidad y cortesía, que funcionaban sólo cuando el resultado estaba más que asegurado hacía tiempo ya, y por esto mismo eran formas que generaban placer dentro de un contexto establecido, lo mas parecido a una paja aceptada socialmente que se conozca.

Miré como Montevideo se la devoraba, y decidí que ya era hora de repensar ciertas cosas. Cansado de vivir arrastrado de un lugar a otro por las circunstancias de otros y de nadie, me senté a resistir los embates de todo lo que no fuera mi voluntad de permanecer igual a mi mismo, fuera lo que eso fuera. Y en ese momento no lo sabía, pero le había abierto la puerta a un dilema del que no podría salir nunca sin la ayuda de esos otros a los que me oponía, y me opongo, solo para medir su fuerza, su resistencia, y sus ganas de pasar por arriba mío. Estaba enojadísimo, con ella, conmigo, con elegir el sometimiento a la libertad de elección (o a la elección-dentro-de-las-posibilidades-que-se-te-ofrecen-como-las-mas-adecuadas-para-tu-(obturado-por-múltiples-convenios)-mundo-empezando-por-el-hecho-de-que-no-soy-su-padre). El desvío no se genera si no chocas contra nada. Porque si hay roces, es porque te estas moviendo.
Entonces, pagué y empecé a moverme, con la estúpida idea de que el roce se generaba no evitando los cuerpos que me cruzaba en mi camino, ni las miradas.

miércoles, 15 de febrero de 2012

El Resto

El tipo,
solo, en la calle,
le hace muecas de asco a alguien
que nosotros no podemos ver

Marca indeleble,
presencia hecha costumbre,
ibidem,
ibidem,
ibidem,
asco tipificado en el cuerpo.

El resto de un "de común acuerdo"
que no terminó bien.

domingo, 5 de febrero de 2012

Muerte del protagonista

Brusco como un volantazo,

un capítulo suelto en la mitad del libro

se lo llevó.

Con la última embestida del sexo violento,

con cuatro o cinco poemas por escribir,

entre el frío,

la nieve,

y un golpe de estado

dado por un director de teatro.


Su último amor fue una actriz

que en varios videos,

tirados desordenadamente por el suelo de la habitación

(él no recibía visitas)

era:

una ejecutiva desesperada por un puesto;

una ama de casa insatisfecha con su marido impotente;

una estudiante sin dinero para pagar la rentaL;

él miraba y mientras

ella cojía en:

la oficina;

el sillón, el baño y la cocina de su casa;

el despacho del director y el de un viejo con dinero;


Y así,

solucionaba sus problemas.

Un insulto a la inteligencia de él,

brusca como un volantazo,

un capítulo suelto en la mitad del libro.

Rulos

Los rulos que resbalan en mis manos,

ya no son tuyos


Y en este cuarto que no es mío,

con esta mujer que no es de nadie

Y es de todos,

Te recuerdo


Como no puedo preguntar en qué andas,

me vuelvo a mirar

si la otra mujer

se vistió, ya se fue


Pero no,

espera a que la puerta

(que abre incluso sola)

la abra yo...


Tus rulos, que rebotan en las manos

de otro hombre

ya no son tuyos,


Ya no son míos