La noche había resultado un precipitado de dobles sentidos, jugueteos con el cuerpo, frases inteligentes y sin propósito (generalmente tenían como efecto una sonrisa tímida, pero no hubieran podido nunca hilvanar una conversación), miradas desviadas, y suficiente-alcohol-como-para-sentirse-mal-pero-no-tanto-como-para-destrabar-la-velada. Los dos sabíamos que queríamos coger al otro, pero quizás por eso mismo, nada salió como esperábamos. No había lugar para dos presas en esa cacería, y resultó no haber lugar para ninguna. Cuando ya era muy tarde y estábamos en un estado bastante patético como para intentar algo, ella realizó el primer movimiento de la noche de intentar ser-ella-misma, y decidió irse. Muy torpemente, dijo que tenía que hacer cosas al otro día (supuse, y el tiempo me dio la razón, que mentía; Además, al otro día era domingo), y toda su retirada fue una gigante, superficial y corajuda excusa. Le dije que yo pagaba (tenía plata como para pagar una noche en algún bulín de la vuelta, desayuno incluido, y no había salido con ese dinero por las dudas…) y en seguida me sentí estafado por todas las distinciones de caballerosidad y cortesía, que funcionaban sólo cuando el resultado estaba más que asegurado hacía tiempo ya, y por esto mismo eran formas que generaban placer dentro de un contexto establecido, lo mas parecido a una paja aceptada socialmente que se conozca.
Miré como Montevideo se la devoraba, y decidí que ya era hora de repensar ciertas cosas. Cansado de vivir arrastrado de un lugar a otro por las circunstancias de otros y de nadie, me senté a resistir los embates de todo lo que no fuera mi voluntad de permanecer igual a mi mismo, fuera lo que eso fuera. Y en ese momento no lo sabía, pero le había abierto la puerta a un dilema del que no podría salir nunca sin la ayuda de esos otros a los que me oponía, y me opongo, solo para medir su fuerza, su resistencia, y sus ganas de pasar por arriba mío. Estaba enojadísimo, con ella, conmigo, con elegir el sometimiento a la libertad de elección (o a la elección-dentro-de-las-posibilidades-que-se-te-ofrecen-como-las-mas-adecuadas-para-tu-(obturado-por-múltiples-convenios)-mundo-empezando-por-el-hecho-de-que-no-soy-su-padre). El desvío no se genera si no chocas contra nada. Porque si hay roces, es porque te estas moviendo.
Entonces, pagué y empecé a moverme, con la estúpida idea de que el roce se generaba no evitando los cuerpos que me cruzaba en mi camino, ni las miradas.
miércoles, 22 de febrero de 2012
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