Brusco como un volantazo,
un capítulo suelto en la mitad del libro
se lo llevó.
Con la última embestida del sexo violento,
con cuatro o cinco poemas por escribir,
entre el frío,
la nieve,
y un golpe de estado
dado por un director de teatro.
Su último amor fue una actriz
que en varios videos,
tirados desordenadamente por el suelo de la habitación
(él no recibía visitas)
era:
una ejecutiva desesperada por un puesto;
una ama de casa insatisfecha con su marido impotente;
una estudiante sin dinero para pagar la rentaL;
él miraba y mientras
ella cojía en:
la oficina;
el sillón, el baño y la cocina de su casa;
el despacho del director y el de un viejo con dinero;
Y así,
solucionaba sus problemas.
Un insulto a la inteligencia de él,
brusca como un volantazo,
un capítulo suelto en la mitad del libro.
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