Dos codos sostenían la mitad mas leve de tu cuerpo
Dos manos me impulsaban hacia adelante.
Pero,
el punto de equilibrio siempre fue ese beso,
piedra fundamental del arco del triunfo que formamos
para que frente a nuestra indiferencia
desfilaran:
los payasos y los vencidos,
las actrices jubiladas,
los gritos equivocados,
las aves de paso,
las companías nefastas,
y
con la pasarela ya vacía,
redistribuimos el peso,
intensificamos la mirada,
saboreamos el beso.
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