Paula se viste, le gana al sueño.
Tiene esa gracia que hace que yo pase
del sueño a la vigilia
como del sueño a la muerte pasan los viejos,
como del tocadiscos a mi alma pasa Ellington,
como de mis manos a la pernera del pantalón pasa mi sudor
(cuando estoy con ella, y hay gente, y tratar de ser yo mismo me vuelve un extraño)
impregnándome todo de realidad,
inundándome todo con sus ritmos,
paso del sueño a la vigilia,
porque no hay sueño que pueda con la vigilia
cuando Paula se viste.
Le gana al sueño.
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